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Tuesday, October 19, 2010
Los libros de texto.
Desde hace algunos (muchos ya) meses tengo la fortuna de participar (una pequeña participación) en el proyecto de rediseño de los libros de texto de educación primaria para el año 2012 y ojalá que no se acabe el mundo, porque sino el esfuerzo habrá sido completamente en vano.
Coordinar un proyecto de este calibre requiere mucha dedicación, esfuerzo, participación, atención, y por supuesto un mar de gente experta y no tan experta en los temas a desarrollar para que nuestros educandos se lleven algo con ellos después de leer los libros.
Yo solo he revisado el diseño y contenido de los libros de español de 3º y 4º grados, como los de educación física de 3º, 4º, 5º y 6º y los de educación artística de 5º y 6º.
Yo no soy experto en ninguna materia, excepto en diseño e ilustración, pero para poder evaluar el diseño y las ilustraciones, pues he tenido que leer los libros de principio a fin, un curso intensivo de lo que debería ser la nueva primaria.
Aún así y por pura lógica, mis aportaciones acabaron trascendiendo el ámbito del diseño, para desbordarse en el ámbito de los contenidos de los libros de texto. Temas como igualdad de género y de condición socioeconómica o física, la actualidad de los indios mexicanos, la ecología, el reciclaje, la obesidad, la incidencia de la publicidad en el comportamiento de compra y el consumo responsable, son algunos de los temas que se abordan en estos nuevos libros de texto, además del temario obligado.
Cuando inició el proyecto, y por pura casualidad, yo me encontraba en medio de una reunión para discutir los libros y pude hojear la primera propuesta que hacía la SEP, en ese momento deseé ser experto en todos los temas para reescribir esos bodrios que mal enseñaban todos los contenidos. Por suerte, me invitaron a participar con mis comentarios.
El resultado fue un reporte de casi nueve mil páginas, donde se hacían las modificaciones a esos primeros esperpentos.
Al ver la última versión de corrección, y aunque no es la versión final y aún quedan cosas por corregir, la verdad es que me siento orgulloso de estos nuevos libros de texto, al igual que toda la gente que ha trabajado muy duro por lograr este resultado.
Los libros siempre serán perfectibles, y seguro que habrá algún experto que sepa explicar mejor, educar mejor, decidir mejor los temas, en fin… a mi solo me queda la sensación de estar haciendo algo que incide directamente en la educación de los mexicanos, y eso me hace sentir feliz por la esperanza que eso trae consigo.
Monday, June 14, 2010
Diego Luna, Mandela y el humor, negro.
Después de 2 días de desconexión de Internet, me voy enterando que Diego Luna se volvió un desafortunado trending topic por un corto animado que hizó y por el cual hasta pidió diculpas.
Movido por el morbo, me di a la tarea de revisar el dichoso corto, el cual efectivamente es una desgracia, pero no por los motivos con los que han “atacado” a Diego Luna. Acusado de ignorante y de racista, me parece que el corto fue tomado en proporciones desmedidas, y que si acaso de lo único que peca es de ser simplemente malo porque no es gracioso, y porque técnicamente esta realizado de forma deplorable.
El humor es una forma de expresión dentro de la cual cabe la irreverencia y la burla. Muchísimas personas aplicamos estas formas de humor a diario, y nos burlamos desde el presidente de México, hasta de la niña Paulette o del jefe Diego. Humor negro a expensas del otro.
En este caso Diego Luna se burló de Mandela y le dijo negro. Lo regresó a la condición de esclavo discriminado a la que Mandela se enfrentó por años. Esta ironía que bien pudo hacer gracia, no lo hizo porque no fue puesta en juego inteligentemente. La gente entonces reaccionó: “Se burlan de Mandela”, “Diego racista”, “Diego ignorante”, y sin justificar a Diego Luna, puedo decir que nadie es intocable por el humor y que incluso Mandela puede ser objeto de burlas o de chistes.
Me parece además que estimar de racista un corto de humor, porque el que aparece en él es Mandela y no ningún otro negro, es pecar de ser políticamente correcto, y no ver los chistes que a diario salen en la televisión que se burlan de homosexuales, de gordos, de chaparros, de gente fea, o de gente con “capacidades diferentes” y que ahora en épocas del mundial, colocan a los negros africanos, aún viviendo en chozas, vestido con taparrabos y armados con lanzas. Eso sí es racismo, y eso aparece en todos lo canales de televisión cotidianamente y hasta hoy yo no he escuchado a nadie levantar la voz como con el corto.
No defiendo a Diego Luna, su corto es malo y no es gracioso. Sin embargo, si me parece desproporcionada la reacción que han tenido muchos que ahora se rasgan las vestiduras porque le han dicho negro a Mandela, pero que del mismo modo le dicen gordo a Carstens o chaparro al presidente Fecal. Ahí también hay una carga de racismo y de discriminación, independientemente que se trate de personajes despreciables.
Tuesday, February 16, 2010
Me caí del mundo y no sé por dónde se entra.
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..Texto de Eduardo Galeano
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!
¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad..
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.
Mi cabeza no resiste tanto.
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro.. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la 'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.
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